El Palacio

Madrid en el siglo XVII no se definía por ser una ciudad estrictamente palaciega, pero en el siglo siguiente esto cambió. El palacio del marqués de Villafranca, actual sede de la Real Academia de Ingeniería ofrece una buena muestra de ello, con su continua evolución hasta entrado el siglo XVIII. A medida que fue cambiando el entorno próximo, se fueron adquiriendo las parcelas cercanas y dando forma al palacio. Su construcción, ordenada por don Pedro Álvarez de Toledo, V marqués de Villafranca, fue obra del arquitecto Francisco Ruiz. La obra comenzó en abril de 1717 y terminó en 1734.

  

El XI marqués de Villafranca y de Medina Sidonia, se casó en 1775 con María Teresa Cayetana, XIII duquesa de Alba que fue inmortalizada por Goya en varios cuadros, la ceremonia se celebró en el palacio y vivieron en él durante varios años hasta que se trasladaron al recién estrenado palacio de Buenavista.

 

Ambos fallecieron jóvenes y sin descendencia por lo que el palacio fue heredado por familiares directos sin efectuarse grandes cambios hasta llegar al siglo XIX, cuando sus propietarios, el matrimonio formado por el conde de Velle y la marquesa de Pinohermoso, deciden redecorar las salas principales del palacio y se lo encargan al arquitecto, pintor y escultor, Arturo Mélida, que, de forma magistral y dentro de su estilo ecléctico, proporcionó a las salas un estilo muy personal y acorde con los gustos de la época.

 

Es en esta etapa cuando debido al alto coste económico que suponía el mantenimiento de un palacio de tan grandes dimensiones, deciden fraccionarlo vendiendo parte a la Iglesia que, con posterioridad, construiría el colegio Sagrado Corazón. El número 8 de la calle Don Pedro se parcela en viviendas en régimen de venta y alquiler, quedando como un edificio de vecinos, tal y como se ha mantenido hasta nuestros días.

 

Recuperado por la Real Academia de Ingeniería

Ya en el siglo XX, en los años 80, la propiedad se vendió a una empresa de hostelería que abrió en el palacio el restaurante “Puerta de Moros”. Posteriormente se utilizó como oficinas de la Agencia estatal del aceite de oliva.

 

Desde el año 2003, la Real Academia de Ingeniería realizó arduas y numerosas gestiones hasta conseguir que el palacio fuera destinado como su sede oficial.  

 

En 2005, Patrimonio del Estado destinó el palacio del Marqués de Villafranca como sede de la Academia, con el compromiso por parte de la Academia de llevar a cabo el proyecto de rehabilitación del palacio. Por Orden Ministerial de 31 de mayo de 2005 del Ministerio de Educación y Ciencia se cedió el uso de la parte pública del palacio a la Real Academia de Ingeniería.

 

La Real Academia de Ingeniería asumió el proyecto de rehabilitación del inmueble movilizando los fondos necesarios para ello. El objetivo era rehabilitar las dependencias del palacio y devolver los elementos artísticos a su situación original. Las obras duraron casi dos años, desde 2007 a 2009. Una vez finalizado el proyecto, S.M. el Rey inauguró oficialmente la sede el 16 de noviembre de 2010.

 

El exhaustivo “lavado de cara” del edificio se llevó a cabo bajo la supervisión de los técnicos de Patrimonio Histórico, con actuaciones sobre 18 estancias. El objetivo era armonizar una estructura del siglo XVIII a las necesidades de la Real Academia de Ingeniería, primera Real Academia de ámbito nacional creada durante el reinado de Don Juan Carlos I. Actualmente la Real Academia de Ingeniería ocupa unos 800 metros cuadrados de las plantas baja y primera del magnífico edificio.

 

Un libro para saber más

En paralelo a la rehabilitación del Palacio, la Real Academia de Ingeniería impulsó una investigación sobre su historia que culminó con la publicación titulada La sede oficial de la Real Academia de Ingeniería. Historia del Palacio de los Marqueses de Villafranca.

 

Para este trabajo, los investigadores tuvieron que consultar numerosos archivos, pues las pruebas sobre las que descansa la existencia del edificio estaban muy dispersas: Archivo Histórico de Protocolos de Madrid, Archivo de la Fundación Casa de Medina Sidonia, Archivo General de la Administración, Archivo del Senado, Archivo de Villa de Madrid, Biblioteca Nacional, Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid e Instituto Geográfico Nacional, entre otros.

 

A través de esta publicación, además de los avatares de su construcción, vamos conociendo también los usos sociales de cada época. La calle Don Pedro se llama así por el primer propietario del palacio, que en sus orígenes ocupaba toda la manzana.

 

Los tesoros del palacio

Uno de los elementos de mayor interés del palacio, sede de la Real Academia de Ingeniería, es un lienzo de más de 20 metros de la muralla del siglo XII que ha quedado al descubierto y perfectamente integrada en el resto del palacio. Está realizada en mampostería de sílex unida con argamasa de cal y arena y tiene 4,5 metros de altura. 

 

Destacan también las chimeneas, la colección de relojes, las lámparas, artesonados, suelos de madera, alfombras, espejos y algunos muebles de nogal. Llama poderosamente la atención un cuadro de grandes dimensiones, copia del original de Rubens llamado La Regencia, valorada por distintos expertos en pintura flamenca como obra merecedora de la máxima consideración. 

 

Algunas de las salas del palacio fueron redecoradas en el siglo XIX por el arquitecto, escultor y pintor Arturo Mélida: comedor, salón de baile, biblioteca y gabinete. El insigne arquitecto, que también decoró varias estancias del Ateneo de Madrid y numerosos palacetes (algunos ya desaparecidos), anexó al palacio una impresionante galería, construida en hierro, al estilo de las edificaciones de la época.

 

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